El Estrés y las Hormonas

Actualizado: ago 19


A través de los años, he visto que los problemas médicos de la mayoría de las mujeres tienen su origen en algún desequilibrio hormonal, y generalmente han estado fuera de control por un periodo prolongado.


No estoy hablando sólo de las mujeres con menopausia, me refiero a las mujeres de todas las edades cuyos problemas médicos oscilan entre periodos menstruales dolorosos, cambios de humor, fatiga, sobrepeso, insomnio, infertilidad, fibromas uterinos, los incómodos bochornos u oleadas de calor, enfermedades cardíacas y osteoporosis.

Son dos las principales hormonas que afectan la salud de nosotras las mujeres: Las hormonas del estrés y las hormonas sexuales.

Lograr un equilibrio correcto de estas hormonas nos brinda entre otros beneficios:

  • Mayor energía

  • Sueño más profundo

  • Ciclos menstruales más sanos

  • Mejor disposición y actitud

  • Menopausia más llevadera

  • Corazón sano

  • Huesos más fuertes

​Cuando experimentamos estrés –cualquiera que sea su origen-, nuestro cuerpo entra en un estado de alerta, por lo que libera hormonas que empiezan a actuar hasta que el “peligro” se resuelve por sí mismo, afectando nuestro equilibrio hormonal. El problema viene cuando nuestra vida diaria es estresante, ya que genera que este desequilibrio se vuelva crónico, y el cuerpo siempre esté en ese estado de alerta.

¿Cómo nos afecta el estrés a las mujeres?

Algunos de estos síntomas son comunes cuando vivimos situaciones estresantes:

  • Dolores de cabeza frecuentes

  • Acidez de estómago

  • Pérdida del cabello

  • Náuseas

  • Dolor en pecho, espalda o cuello

  • Sentir ganas de orinar frecuentemente

  • Fatiga crónica

  • Falta de apetito sexual

  • Alteraciones en la menstruación

  • Crisis de angustia o ansiedad

  • Insomnio

  • Dificultad para perder peso

  • Alteración del sistema inmunológico ya que somos más propensas a padecer enfermedades como artritis inflamatoria, entre otras.

  • Estreñimiento o diarrea

  • Problemas de la piel, que es muy sensible a situaciones de ansiedad y estrés, de ahí que sean comunes las reacciones inflamatorias como eccemas, enrojecimientos, ojeras y pérdida de luminosidad en la piel. Todo esto se debe a que las células de la epidermis reaccionan de inmediato ante las hormonas del estrés provocando vaso constricciones, que sudemos más, que nuestro rostro siempre parezca cansado, e incluso que aparezca más vello.

  • Envejecimiento prematuro



Cuando la situación de estrés se vuelve más intensa y persistente, podemos vernos afectadas por condiciones mucho más complejas como por ejemplo: Anorexia, bulimia, psicosis depresiva, o trastornos de ansiedad.


Muchas mujeres modernas confunden el estar bajo estrés con tener “energía”, llevándolas esto a tomar decisiones pobres en diferentes áreas, incluyendo la alimentación, poniendo lo primero que encuentran en sus bocas”. Esto, a corto, mediano, o largo plazo genera enfermedad…

La sana combinación de alimentar nuestra fuerza de vida con la comida recién hecha que vaya de acuerdo con las necesidades de nuestro cuerpo, con respirar aire limpio, ejercitarnos, y llevando relaciones interpersonales en armonía, por ende resultará en un equilibrio que se reflejará en nuestros niveles hormonales. Seremos mujeres más felices al disfrutar de una salud abundante…

La curación comienza cuando comenzamos a vivir la vida que realmente queremos estar viviendo, entonces, los niveles de las hormonas del estrés en nuestro torrente sanguíneo caerán. Cuando el sistema hormonal está en orden, las hormonas sexuales tienen oportunidad de trabajar de la manera que deben, permitiéndonos experimentar el bienestar que viene de ese equilibrio hormonal.

Nada arruina más nuestras hormonas que el estrés mal manejado. Aquí comparto tres consejos que podemos empezar a implementar para sentirnos más relajadas:

VIVE TU VIDA INTENCIONALMENTE

Las responsabilidades y decisiones diarias no se contraponen con el placer. El poder reside en el simple hecho de ser intencionales al elegir lo que a cada una nos genera placer, o aquello que realmente disfrutamos hacer. Desde hacer el amor, ver una película, tomar una copa de vino o estudiar para un examen… El placer no es enemigo de las obligaciones. Lograr estar en armonía de mente y cuerpo siempre nos llevará a tomar mejores decisiones para nuestra salud.

ALIMÉNTATE SALUDABLEMENTE

Es muy importante alimentarnos bien, pero como todo en la vida, debe hacerse con disfrute y moderación. Muchas mujeres caemos en el error de obsesionarnos todo el día como la pregunta ¿Qué voy a comer?, lo cual resulta una tarea estresante y angustiante que termina por afectar nuestra psicología y metabolismo. Debemos tomar suficiente agua pura, así como elegir frutas frescas, vegetales, alimentos enteros, y grasas saludables. Es muy importante evitar comida chatarra o procesada, excesos de azúcar, cafeína y alcohol.

HAZ UNA PAUSA Y RESPIRA PROFUNDAMENTE

El estrés y la ansiedad generan una respiración corta y superficial que desencadena la activación del sistema nervioso simpático (luchar o huir). Por otro lado, la respiración profunda estimula el nervio vago, ayudando a contrarrestar el sistema nervioso simpático mediante la activación del sistema nervioso parasimpático (descansar y digerir). La respiración adecuada hace que nuestro cuerpo libere un neurotransmisor llamado GABA (ácido gamma-aminobuítrico), que literalmente frena la ansiedad.

La respiración profunda es aún más beneficiosa si se combina con la meditación, ya que esta práctica reduce los niveles de cortisol y aumenta la serotonina o sustancia química “feliz “del cerebro, encargada de nuestro estado de ánimo, sueño y apetito.


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