Las creencias y las Finanzas


¿Has escuchado decir la frase: “eres lo que piensas”? o ¿eres lo que crees ser?

Pues bien, esta frase no está tan alejada de la realidad cuando de finanzas se trata.

Muchas personas, dependiendo del ambiente donde se hayan desarrollado, han arraigado creencias negativas respecto a las finanzas o el dinero, que lejos de ser factores verídicos son solo mitos y creencias mal fundadas que obstruyen su desarrollo personal y prosperidad financiera.

Algunas personas creen genuinamente en la connotación negativa de la prosperidad económica basando su pensar en que: “El dinero es la raíz de todos los males”, que “tener mucho dinero solo trae problemas”, que “el dinero corrompe”, que “es imposible tener mucho dinero sin explotar a los demás o practicar actividades ilícitas” y que en conclusión “es mejor ser pobres y honrados que ricos y corruptos”.

Por otro lado, están aquellos que viven culpando a los demás o a las circunstancias de su realidad adversa, manejando un auto-diálogo destructivo y creencias negativas donde se victimizan, y éstas les impiden progresar e identificar las oportunidades que se les presenten. Estos viven culpando al clima, a su salud, a su familia, a su jefe, al medio ambiente, al tráfico, a la delincuencia, al gobierno o hasta a Dios de sus fracasos, son incapaces de tomar responsabilidad de sus propias acciones.

La realidad es que toda causa tiene un efecto. Cuando se cree de esta manera se deja de culpar a terceros por las situaciones o experiencias propias y se entiende que el éxito no depende de la suerte, sino de la voluntad, la perseverancia, la responsabilidad y el trabajo bien hecho.

Hay personas quienes han tenido la gran fortuna de encontrar el éxito y permanecer en esa posición de “exitoso” y hay quienes por el contrario no han tenido dicha suerte. ¿Cuál es la diferencia? observe usted, analice la mentalidad y la actitud de las personas exitosas y también tómese el tiempo de observar y analizar a aquellos desafortunados y en crisis. ¿Que encontrará?

Si usted toma esos instantes para analizar lo que parece la buena suerte de una persona encontrará que aquello que produjo dicha “buena suerte” fueron algunos factores llamados: preparación, planeación, creencias positivas y pensamientos de éxito.

Ahora tome un segundo para observar al fracasado. Usted encontrará un par de razones especificas del fracaso como lo son: la indecisión, la falta de planeación, la falta de energía, incumplimiento, una tendencia a pensar negativo y excusarse por todo, emitir juicios contra los demás, indisposición para trabajar en equipo y falta de desarrollo y aprendizaje de los errores cometidos en el pasado, tendencia opuesta a la del exitoso quien tiende a sacar provecho de sus errores pasados y mejorar.

“Todo está en la mente”, bien dice la frase, aunque yo diría: “todo comienza en la mente”. Sin lugar a dudas las creencias juegan un rol muy importante en nuestra existencia. Este es uno de los puntos en los que tanto la ciencia como la religión están de acuerdo.

Por un lado en la Biblia se encuentra la frase: “Al que cree todo le es posible” (Marcos 9:23). También se encuentra la frase: “La fe mueve montañas” (Mateo 17:20); mientras que la ciencia por su parte dice que si visualizas algo en tu mente y crees 100% que lo vas a lograr, lo lograrás, a esto se le llama en psicología “Visualización Creativa”.

Otra área de la ciencia donde esto se refuerza es en la llamada Programación Neurolingüística (PNL), la cual se usa como estrategia para cambiar patrones de comportamiento aprendidos a través de la experiencia (programación), afirmando que estos se pueden cambiar para lograr objetivos específicos en la vida o en otras palabras “el éxito”.

Aquellos quienes tienen una perspectiva distinta y positiva en relación al éxito en las finanzas, han encontrado que tener dinero significa tener más oportunidades y más opciones. Dinero equivale a libertad para hacer lo que uno quiere. No hace falta ser multimillonario, pero con planificación y ahorro se puede alcanzar la seguridad financiera necesaria para poder disfrutar de la vida, apoyar a la familia y también generar empleos que sean el sustento para muchas otras familias.

El hecho de que una persona tenga dinero no significa que sea mejor o peor que otras personas que no lo tienen. Pero sí significa que tendrá mayores opciones.

Mucha gente cree que ser ambicioso y querer triunfar es el equivalente a querer sobresalir para pisotear a otros, ser mejor que los demás al compararse o ser corrupto. Sin embargo la ambición bien medida y con propósito no es mala, sino todo lo contrario.

¿Qué pasaría con un país si la gente cambiara su mentalidad de víctima y perdedor por una mentalidad de triunfador y exitoso? ¿Hasta dónde alcanzarían el éxito aquellos que con diligencia y un plan trazado buscaran realizar sus metas por el bien común de su familia y su comunidad?

Deberíamos dejar de perder el tiempo criticando a los demás, viendo a través de la ventana con envidia la prosperidad del vecino, o a través de Facebook, como sucede en estos tiempos, y empezar a creer que así como otros pueden yo también puedo, y que si otros pudieron o lo están logrando es un modelo que bien me convendría imitar.

Sin duda mis creencias serán la causa de mi éxito o mi fracaso. Lo que yo piense, no mi hermano ni mi vecino o mi amigo, lo que yo crea que puedo lograr es lo que lograré; lo que yo crea que merezco es lo que tendré.

Por lo tanto, trabajar en nuestra mente para superar y erradicar las creencias negativas es la mejor manera de emprender el camino hacia el éxito financiero y la prosperidad.

Los miedos son el peor enemigo. Empecemos por erradicarlos. Cambiemos nuestros patrones de pensamiento negativo por pensamientos positivos. Si tengo temor a mi apariencia, pues hay que cambiarla. Si me siento gordo o gorda, buscaré ejercitarme y seguir una dieta saludable. Si tengo miedo a perder un cliente deberé redoblar esfuerzos para que mi trabajo sea mucho mejor que el de otros y mi cliente se quede conmigo. Si tengo miedo a un examen me tomaré el tiempo de estudiar lo suficiente para aprobarlo. Si tengo temores a lo sobrenatural, oraré y pondré mi confianza en Dios. Si tengo miedo a lo que los demás piensen de mí, confiaré en hacer las cosas correctamente para que a pesar de las probables críticas esté seguro de estar haciendo lo correcto. Si tengo miedo a realizar una inversión, analizaré todos los factores y consultaré a profesionales para saber que mi decisión sea la más acertada.

Por último, debemos mantener en mente que nadie es culpable de nuestra situación más que nosotros mismos, que “toda causa tiene un efecto” y que si me propongo empezar a crear un auto-diálogo positivo interno y a creer que puedo lograr todas aquellas cosas que me proponga, trazando un buen plan, lo lograré.

Recordemos que nunca es tarde para ser todo aquello que quisimos ser.

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